Cuatro breves sobre Que empiece la tarde

I: Haz lo que te de la real gana o algo así me comentó L cuando empezamos a hablar: lo toma al pie de la letra. El inicio del poema no siempre es en mayúsculas -el inicio, no el título- y a los inicios, como a los premios, los trofeos o las posturas políticas cada uno le da la relevancia que cada uno quiere. Los que hablamos desde la periferia injustamente vivimos en un complejo de inferioridad o una ilegalidad justificada: la periferia como núcleo, ¿para qué sirve además de para nada? II: hay algo en los poemas periféricos: si se centran en la parte meticulosa de las intersecciones se vuelven realistas, decadentes pero esperanzadores, algo sucios e imberbes. III: Que empiece la tarde (Valparaíso, 2021) no es un poemario iniciático aunque sea el primero; se ven lecturas, se nota las ganas y comparte algo de la nueva tradición literaria: el medio es importante, las estrategias para escribir son cruciales y un mundo interior del que pocos prueban a desvelar. A un lado están los haikus y en el centro el mensaje: sentir, conocer, obtener… verbos que sugieren alguna cosa más que una lectura; adentrarse en un libro no es leerlo del todo, sino sentirlo. IV: un libro son todas las letras que lo forman, al igual que las letras dan la forma y sentido a lo que el poeta quiere transmitir: no es fácil elegir las adecuadas… pero Marc Mellado ha optado por las adecuadas para reivindicar lo inapreciable como algo completamente necesario. Y se agradece.

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