Madre soltera // Marina Yuszczuk

[hay una madre, hay una presencia // hay un sabor negro que se cuela entre los dientes de leche: hacia dónde llega lo que tiene que llegar // la edad es la cifra variable enfrentada con el progreso autónomo]

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Hitos de un viaje paliativo [II]

Quizá han sido los días mas fríos que llevamos de curso: decir año no tiene mucho sentido porque apenas llevamos tres semanas. En Tarragona, en plena setmana dels barbuts decidí afeitarme. Hice mal. Era de esperar que nos esperara el frío, pero no me acordaba de cómo de envalentonado se ponía a estas alturas. La Ciudad parece que no, pero sí cambia: lo hace en tiendas que uno cree abiertas y seis meses después cierran o en negocios que me hacen despertar optimismo y alegría, como sucede con El Jardín Secreto de Judith y Gels. Aun así, tras el paseo helado del jueves constaté que la vida se resume a la plaza, el vino y poco más. Poco paseo -quizá seamos unos insensatos- porque el frío tampoco acompañaba: la noche temprana tampoco. Más allá del duelo por el abuelo ha habido momentos divertidos, sí: Martín y Julia con sus correrías y Chloe y Nala con sus respectivas perrerías; el reencuentro con los amigos en la librería y la cena posterior; el desayuno de sábado con Jesús: es ya tradición visitarle, abrazar a Puerto en la plaza y tomar un cortadito o una caña con él o ella: depende de la hora a la que baje a la Plaza de Abastos: primero Puerto se toma su café con leche; si llego después de las diez y media ella me apremia a que desayune con Jesús. Su marido, Jesús -hombre fuertote, con bigote soviético que siempre he conocido- está envejeciendo prematuramente con una mirada inyectada en dolores. Jesús conserva el lugar transformado desde donde mi abuelo despachaba por teléfono los pedidos. Enfrente, donde ahora hay un azulejado blanco estaba la antigua pescadería. Allí llegué a ver despachar a mi abuela, sonriente con su pelo haciendo unas ondas imposibles. Mi abuela siempre sonreía en Pescados Amalia o eso me lo parecía a mí.

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Hitos de un viaje paliativo [I]

TARRAGONA – El carrusel de llamadas telefónicas dando explicaciones. La maleta de tamaño considerable. El abrigo tres cuartos y su bufanda – BARCELONA – Las horas interminables por la autopista (de ida). El goloso paisaje de las gasolineras. El auge de precio del carburante. Las dos latas de bebidas energéticas – PLASENCIA – Una habitación del hotel abierta a deshoras. La ducha caliente más fría del mundo. El dolor compartido en individualidades de los tanatorios. El frío de enero incrustado en la ropa. Un arroz de guerra. Una perra, dos perras. El paseo por La Isla entre agroculturistas y la confianza de los primos. Un café solo quemado. Nala defecando en la rampa de entrada de una casa-cuartel de la Guardia Civil. Abrazos y más abrazos. Un tubo de cerveza. Llamadas, whatsapps. El silencio de los desayunos de buffet. Escribir con la luz apagada. Dormir poco y tener dolor de ojos. Bajar a la plaza. Ver a Jesús y a Puerto. La mirada perdidísima de Jesús. Beber vino de pitarra -sí, me encanta-. La mirada dulzona de Julia. Jugar al escondite con Martín. Una urna funeraria en mis brazos. – EL PUERTO – Canchos abiertos, vacas y terneros cuidando del lugar: un agujero, hierba levantada bajo raíces: ahí quizá vuelvan a tener vida.

Domingo Frades

En la imagen una pieza de Domingo Frades Payo. Hasta donde sé, papá es amigo de Domingo Frades Gaspar (su padre). No me acuerdo de él porque lo conocí de pequeñito: mamá comentaba que era bastante cariñoso, tierno. En mi mente me lo imagino, quizá sucedió así, sujetándome las mejillas con ternura y delicadeza. Domingo Frades debe tener ya una edad que cumple con todas las edades y es uno de los tesoros de la región, en el rescoldo del Val de Xálima. Moneando el otro día descubrí La sima (Ed. Regional de Extremadura, 2001), un libro con poemas visuales bastante comprometidos. Sé que Domingo Frades Payo cayó y recayó algunas veces y en una de esas todo le vino por delante. Se sabe por qué y no lo digo por miedo, por respeto. No me acuerdo de la cara de Domingo Frades Payo, pero mi cabeza ha recreado cómo enterneció sus manos en mis mejillas. Era invierno, quizá.

Per José María Valverde (un poema de Gabriel Ferrater

[per a molts, José María Valverde (1926-1996) fou un actiu recuperat de la cultura extremenya, una gaveta de perifèria malauradament limitada fins a caure el règim. Una personalitat absorbent, capaç de protagonitzar una veritable transició social dels postulats més ideològics. Potser la poesia, com juga a ser-ho la política, és quelcom més que humanisme i més conscient del seu entorn: apropar-se més enllà de la solidaritat (el bon alcalde de Madrid podria parlar-nos bé, doncs): va ser-hi un bé de luxe que tard o d’hora havia d’arribar de nou a la región. Per sort Valverde sembla ser que mai va ser oblidat allà]

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Poemes traduïts de Delírio Húngaro de Nuno Brito [III]

[bogeria i progrés, camins de nit: allà on cau la nit rau l’essència, vinya morta i camí de violes fins al descans // ah, la llum nova…]

III.
Soc la possibilitat -a la meva boca els bous llauren els camps,
Deixen les marques carolíngies de les seves potes
L’arada escriu a la meva llengua una rima de Petrarca
En lletra carolíngia amb la més perfecta cal·ligrafia
Escric que t’adoro en fluorescent nova mètrica
Les fades papistes de tul s’unten de gelatina i compotes
Somnis: els més dolços, per exemple
Àfrica trencada per la meitat
a la meva boca Àfrica sencera
Link, link, link, link

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A vueltas con el #EntropíaGate

Lo siento, me molesta mucho. Lamentablemente esta noticia no será la última que sepamos de fraude editorial. Lo doloroso es ver que se aprovechan de los jóvenes, de aquellos que quieren sacar su primer libro, untando propuestas con el desconocimiento y el entusiasmo del autor es algo rastrero, mezquino. Que uno no puede vivir de la poesía lo sabemos, pero la voluntad de realizar una ilusión no debe estar reñida con la profesionalidad.

Es sorprendente que estemos en una época en la que todavía se utilicen excusas de mal pagador para justificar la incompetencia de la persona encargada de un proyecto. Todo esto dice mucho de la seriedad que pueda tener. De Naza Díaz dije lo que tenía que decir aquí pero hago dos incisos: uno debe velar por cumplir sus compromisos de la manera acordada y promover una comunicación fluida para asegurar su proyecto. Por otro lado, esa comunicación -que es necesaria cuando te confían algo de valor para que sea tuyo también, para que lo representes- es necesaria para salvar escollos personales: desilusiones, desencantos… Creo que en ningún caso uno nunca debe perder la palabra, y más cuando se ha forjado una reputación gracias a la obra de las poetas engañadas publicadas por la editorial.

Con perspectiva, hace tres años perdí una amiga con un affaire parecido tras reflexionar sobre su libro que iba a publicar esta editorial, con el resultado de una amistad perdida. Ahora tengo un dejà-vú: lo que nunca iba a pasar sucedió. Solo espero que las autoras obtengan lo que es suyo, quizá incluso las copias del libro, porque dada la incompetencia de la editorial para cuidar sus obras, nadie mejor que lo hagan las mismas autoras. Libros aparte, han demostrado saber estar. No es poco con la que está cayendo.

Dublinescas (V-VIII)

V
Paseando por St. Patrick’s Park contemplo un generoso proyecto de bruma baja. Cada ciertos pasos aparence algún huraco: pienso la canción popular The Creggan White Hare y en cómo Barney Conway proclamaría, a primera hora de la mañana: «This day I’ll put an end to the bonnie white hare!»

VI
La perfección o la espuma de una pinta de Guinness tirada por Enda en el Madigan’s.

VII
Creo que la la única manera de reconciliarme con James Joyce es desayunar riñones de cerdo fritos cuando vuelva. Sigo teniendo miedo a leer su Ulises, incrementado tras deglutir traducción ligera de Dublineses.

VIII
Las bondades del frío y del sol; hacer bueno aquello de Si no te gusta el tiempo espera cinco minutos. Escuchar fado en mitad de una tormenta y dormir febril. Creer es algo más que esperar que broten los tubérculos.

Foto: Julien Behal.